Aspectos humanitarios de una contienda fratricida

   La Emigración de la Guerra Civil

por Javier Rubio

Prólogo


 

 

Las guerras son crueles. Las guerras civiles suelen serlo aún más, por razones obvias.

La guerra española de 1936-1939 no es, ciertamente, excepción. Ésta es una cuestión que se ha recordado, y hasta exagerado, cientos de veces. No vamos a centrar nuestra atención en esta dramática dimensión de nuestra última contienda que, desgraciadamente, está aún presente en el ánimo de muchos.

Pero las guerras dan lugar, asimismo, a confortantes actos humanitarios. Y las guerras civiles suelen originarlos muy frecuentemente, también por obvias razones. La contienda española de los años treinta no es, tampoco, excepción desde este punto de vista. Sin embargo esta es una cuestión que se ha recordado muy pocas veces y que, cuando se ha hecho, se ha pasado sobre ella como sobre ascuas. E incluso se ha negado su existencia, pues se ha llegado a afirmar, sobre todo por autores extranjeros, que en nuestra última guerra civil sólo hubo brutalidades, asesinatos, horrores. Lo cual no sólo es poco amable para ambas partes contendientes sino que es además, y sobre todo, totalmente erróneo. Mostrarlo a cuantos se interesan por lo que fue la España y los españoles de nuestra gran contienda civil, es nuestro propósito principal.

Es un campo tan vasto, y tan atomizado, como el de las acciones humanitarias era indispensable, para no perderse en la anécdota más o menos insignificante, proceder a una selección previa de los aspectos a estudiar. El asilo, y los canjes de prisioneros, han sido fundamentalmente los temas retenidos por nosotros. Varias son las razones que abonan tal elección.

Se trata, en primer lugar, de dos temas cuya esencial dimensión política les hace trascender del acto humanitario aislado para enmarcarlos en el más significativo de las decisiones de Gobierno. Además, ambos temas son aún muy mal conocidos, incluso por los especialistas de nuestra última contienda, como tendremos la ocasión de comprobar al iniciar el estudio de cada uno de ellos.

El asilo, que ocupa la mayor parte de nuestra obra, constituye por otra parte un hecho jurídico-político de magnitud auténticamente sin precedentes, tanto en su dimensión de asilo diplomático propiamente dicho, como en algunas otras de las formas en las que se manifiesta. Pues aunque al hablar del asilo en la guerra civil española casi siempre se circunscriben los autores al otorgado por embajadas y legaciones, es decir al asilo diplomático, la realidad fue que se practicaron otras muchas clases de asilo:como el naval, el consular, el autonómico, el parlamentario y el judicial. Por no referirnos ahora más que a los extra o intraterritoriales.

El examinar la política de asilo nos va a permitir, finalmente, constatar la distinta intensidad de las actitudes humanitarias de terceros países con ocasión de nuestra última contienda civil. Una cuestión de considerable interés, pues nos mostrará como algunos de los más poderosos y respetados Estados estuvieron entonces muy lejos de hallarse a la cabeza de los que tendían la mano a los españoles en desgracia, del uno o del otro lado.

Las iniciativas humanitarias de países extranjeros y de organismos internacionales en torno a los canjes, y en general respecto a la protección de la población civil contra persecuciones y represalias, se incluyen también en nuestro trabajo. Éste es un tema que, ciertamente, ha sido objeto de alguna atención por parte de conocidos historiadores, pero su tratamiento ha sido increiblemente distorsionado y manipulado. Nuestra postura, aquí, ha adquirido tonos críticos severos, pues entendemos que el enfoque más extendido no sólo es insostenible desde un punto de vista científico, sino que además comporta una artificiosa, y sospechosa, división de los bandos de la guerra civil en buenos y malos que es, ayer y hoy, un grave deservicio y hasta una impertinente injerencia, en la gran causa de la reconciliación entre españoles.

Por último diremos que una de nuestras preocupaciones fundamentales al tratar estos temas ha sido el exponerlos no sólo con imparcialidad, sino, sobre todo, con apoyatura de documentación de primera mano; de una documentación que constituye frecuentemente la fuente primaria insustituible -aunque en su mayor parte hasta ahora no hubiera sido nunca manejada ni utilizada- de los temas estudiados. Pues entendemos que hoy, a los cuarenta años de terminada la guerra civil, ya no son -o no debieran ser- de recibo los relatos y los ensayos emocionales, mejor o peor intencionados, que han predominado hasta el presente en la historiografía de nuestra última gran contienda.

A los españoles de ahora, a los jóvenes especialmente, que son los que han de configurar la España de mañana, hay que servirles la verdad histórica rigurosamente:sin pasión, sin prejuicios, sin frivolidades.

Sólo así puede aprenderse del pasado.

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Actualizado en febrero de 1998

© Javier Rubio

javrub@arrakis.es

ISBN 84-7140-147-9

Otros trabajos del autor:

Emigración

La Emigración de la Guerra Civil de 1936-1939

Cuba

La Cuestión de Cuba


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